«Campaña ‘Justicia para Mario’: “La casa se llenó de José Ramón”, séptimo artículo»

«Campaña ‘Justicia para Mario’. Información para el donante, 21 de octubre del 2018, séptimo artículo»

 

 

Directamente del despacho del timador nos fuimos a casa en otro taxi, cargados con los mismos bultos más un montón de bolsas marrones sin publicidad impresa. Idénticas a aquellas bolsas que Pepa llevaba a la habitación 633 cuando Mario estaba hospitalizado. Las bolsas marrones continuaban siendo el continente de un timo decorado de ciencia. Un montón de botes llenos, no de otra cosa que de falsa esperanza en forma de píldoras, además de un escrito con una supuesta dieta sanadora muy estricta. Las hojas donde Llorente redactaba las instrucciones que daba a los pacientes a quienes timaba —y donde especificaba unas pautas alimenticias que presentaba como tratamiento— estaban encabezadas por un membrete con idéntica mentira impresa a la colocada en su placa publicitaria: «José Ramón Llorente, Medicina Naturista y Medicina Ortomolecular». ¡Doble medicina! Debajo de semejante falacia iba todo el listado de alimentos que Mario podía comer y otros que eran pecado. También venía pautado en el listado de qué manera había que cocinar esos alimentos permitidos y cuándo ingerirlos. Hay que tener presente que en el arte del engaño, el aparentar rigor es fundamental. ¡Imprescindible! Nada más llegar a casa, esas hojas con el membrete del embaucador y su pseudotratamiento alimenticio fueron colgadas por mi exmujer en la tablilla de corcho que había en la cocina. Allí quedó, en primera línea, la lista de los alimentos permitidos y prohibidos por la Doctrina Llorentina. A partir de ese momento acudiríamos siempre a esa tablilla de corcho, fieles al líder y sus mandatos… Por otra parte, los múltiples botes con píldoras encontraron su destino en una antigua cesta de mimbre que pasó de ser un simple canasto a ser un objeto sagrado, por el sencillo hecho de dejar de guardar cebollas, y pasar a atesorar en su interior los mágicos pseudomedicamentos y las indicaciones de posología de los mismos. La cena de ese mismo día vino precedida por el ceremonial de las píldoras: Mario consultaba primero la hoja donde iban las indicaciones de la posología y de la cesta de mimbre iba sacando los botes con las pastillas. Con la fe del discípulo sólidamente adoctrinado extraía de cada uno de los envases la dosis que debía tomar: dos píldoras de esto, tres de lo otro, cuatro de aquello…, y los polvos para disolver en agua —en agua de Bronchales— para antes de las comidas. Como sucediera en la habitación del hospital que habíamos dejado no haría cuatro horas, la casa comenzó a llenarse de José Ramón.

—José Ramón ha dicho que todo ingrediente que no figure en el listado denominado «ingredientes para ensalada» no se debe incluir en la dieta. Por ejemplo: el pepino. Y si lo dice José Ramón…

—Vale, mamá.

—José Ramón dice que el caldo de verduras debe hervir durante cuarenta minutos a fuego lento y tapado. Y cuando falten diez minutos se pueden añadir finas hierbas, antes no.

—Vale, mamá.

—José Ramón dice que…

—Mamá, ¿será más sano el pollo o la gallina?

—¡Huy, no sé! Ante la duda llamaremos a José Ramón, Hijillo. No vaya a ser…

—Vale, mamá.

—Ha dicho José Ramón que mejor la gallina. Y en cuanto a los lácteos, como figura en su dieta, José Ramón insiste en que no se debe tomar ningún lácteo, en ninguna de sus variedades, incluido el queso. Porque, entre otras cosas, produce muchas mucosidades y enfermedades… Y como es natural tampoco tomar fritos ni grasas animales ni helados ni cacao o chocolate ni nada que no esté indicado en las pautas que nos dio por escrito José Ramón.

—Vale, mamá.

 

 

 

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.