«Campaña “Justicia para Mario”. Información para el donante, 30 de septiembre del 2018, quinto artículo»

Dando continuidad a la publicación de diferentes artículos hoy publico este quinto artículo informativo sobre la campaña ‘Justicia para Mario’. Para quien no leyera los cuatro primeros decirle que los encontrará en esta misma web (www.homicidiodeunenfermo.org) bajo el título de «Campaña “Justicia para Mario”. Información para el donante». Esto es importante porque todos los artículos guardan relación con los hechos y son fieles a la cronología de los sucesos. Gracias. Comenzamos…

A trancas y a barrancas Mario continuó en el hospital con las sesiones de quimioterapia. La misma tarde que Mario salió con el alta hospitalaria —7 de febrero del 2013—, vencida la infección pulmonar y con la remisión provisional de la leucemia, nos fuimos a toda prisa al despacho del timador. Despacho que estaba, y sigue estando, en una zona céntrica y cotizada de Valencia… Para llegar hasta allí cogimos un taxi en la misma puerta del Arnau de Vilanova. No había transcurrido tan siquiera media hora desde que a Mario le habían dado el alta hospitalaria.

Tienes que conocer a José Ramón Llorente, Julián. Cuando lo hagas cambiarás de opinión.

Eso fue lo que me dijo Pepa el día anterior a nuestra salida del hospital. Ella ya había organizado la cita con Llorente. Pepa sabía que yo era favorable a las directrices del Arnau de Vilanova. Y si me pedía que fuera a ver a «la gran eminencia de la medicina naturista» era porque consideraba que por el simple hecho de conocerlo en persona y escuchar su «propuesta médica» yo pasaría a ser uno más de sus seguidores. Ya que, según Pepa, Llorente tenía un alto grado de competencia sanitaria. Los acompañé a la cita fundamentalmente porque consideré que mi negativa a escuchar a Llorente podía generar más conflicto y discrepancias; estando como estaban tan próximos a sus tesis, tanto Pepa como Mario. Y no era momento de desavenencias. Así pues, acudí con ellos. Llegamos con el taxi veinte minutos antes de las cuatro de la tarde, hora en la que nos había citado Llorente. Íbamos cargados con un buen número de bolsas y bultos, consecuencia de haber estado casi cuatro semanas ininterrumpidas en un hospital. Depositamos nuestros molidos huesos en las sillas de un bar que hacía esquina con la calle de la Beata. Trágica y triste instantánea en una cafetería de tres escuálidos seres cargados de fardos, como paletos que vinieran de un largo viaje, pero de años: Mario todavía con el miedo en el cuerpo por todo lo pasado, serio y pusilánime; muchas cosas habían sucedido en cuatro semanas. Pepa esperanzada pero cansada. Y yo en un estado que no acierto a definir. Las emociones predominantes en los tres eran el miedo y la incertidumbre. Durante los veinte minutos que estuvimos en aquella cafetería no llegamos a hablar. Y si lo hicimos no lo recuerdo: cada uno soportaba sus pensamientos y cansancio sin más… A las cuatro menos cinco cogimos nuestros bultos y nos dirigimos al portal donde Llorente tiene situado su despacho; caminando con la blandura propia de personas muy al límite del agotamiento. Llegamos a la puerta de acceso al edificio y en la parte izquierda del mismo vimos la dorada placa publicitaria:

                                                                   José Ramón Llorente

                                              Medicina Naturista y Medicina Ortomolecular

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