«Campaña “Justicia para Mario”. Información para el donante, 23 de septiembre del 2018, cuarto artículo»

Continuando con el compromiso que motu proprio adquirí de ir publicando diferentes artículos, con el objetivo de que las personas que realicen una donación estén informadas del porqué de esta campaña, hoy publico este cuarto artículo informativo. Podéis encontrar los tres primeros en esta misma web (www.homicidiodeunenfermo.org) bajo el título de «Campaña “Justicia para Mario”. Información para el donante». Esto es importante porque todos los artículos guardan relación con los hechos y son fieles a la cronología de los sucesos. Gracias. Comenzamos…

Mario, desde esa impersonal cama de hospital que, como ya dijimos, nunca haría suya, hablaba constantemente por teléfono con José Ramón Llorente. Empezando a consolidar, gracias al adoctrinamiento, una relación de dependencia que acabaría siendo de total sumisión. Mario le transmitía a Llorente los efectos que le producía la quimioterapia desde la primera bolsa que le pusieron a través de un gotero: paso por paso y lleno de preocupación y miedo. Mientras tanto, el desprecio hacia el tratamiento del hospital por parte de Pepa era tan beligerante, insolente y constante que Mario se acercaba a marchas forzadas a los postulados de José Ramón. Este, promocionado por la madre de Mario, le estaba ganando el terreno al hospital. Iba introduciendo en el enfermo ideas que hicieron nacer en mi hijo creencias peligrosas y definitivas. Llorente acabaría generando en Mario una dependencia de tal magnitud que pasados unos meses, y faltando escasos días para morir, mi hijo lo llamaría constantemente en una demanda desesperada de salvación.

Durante la primera etapa hospitalaria de mi hijo el hematólogo Aurelio López y su equipo tuvieron que hacer verdaderos esfuerzos para poder llevar a cabo el tratamiento con la quimioterapia. El acercamiento inicial que tuvo Mario hacia Aurelio duró escasos días. Con la llegada del pseudoterapeuta introducido por la madre de Mario la actitud de mi hijo hacia Aurelio cambió totalmente. Mario dejó de considerarlo como su médico. Para él, el verdadero doctor fue José Ramón. Así y todo, continuó entrando por sus venas un goteo constante de quimioterapia. Imagínense este «conflicto de intereses» entre lo natural y lo químico con la persona enferma de por medio. El significativo hecho de que Mario pensara que José Ramón Llorente era médico naturista contribuyó en gran medida al desconcierto y al acercamiento al embaucador. Y de tal modo el engaño había hecho efecto en Pepa y en mi hijo que también acabaron creyendo en el hospital que el timador era un profesional: no del timo, sino de la medicina, ya que en todo momento, al hablar Mario de él, lo relacionaba con la medicina naturista.

A medida que Mario experimentaba los inherentes efectos secundarios de la quimioterapia, la medicina se volvía más culpable en aquella habitación 633… Cada vómito de Mario como resulta de la quimio, era contestado con maldiciones hacia esta y hacia la medicina en general por parte de su madre, en vivo y en directo. Y toda novedad en cuanto al estado del enfermo iba siendo transmitida a José Ramón Llorente a través del teléfono móvil. Lo que le permitía al timador dar aparentes diagnósticos y remedios, e indicar con supuesta exactitud meridiana qué parte del cuerpo del enfermo estaba siendo afectada por la quimioterapia. A continuación, Pepa se desplazaba al despacho de Llorente a comprar los potingues que este había mandado tomar al enfermo, abonados en el acto y sin factura… A las pocas horas Pepa volvía a aparecer en el hospital, alterada y cargada con la correspondiente bolsa marrón, sin logotipo alguno impreso, repleta de botes de píldoras milagrosas y naturales.

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